Seis días después del terremoto, los hospitales recurren a medidas de emergencia
Seis días después del terremoto del 24 de junio, hospitales de La Guaira y Caracas están solicitando cal viva para conservar los cuerpos de las víctimas debido a la falta de suficientes cámaras frigoríficas.
En el puerto de La Guaira, al pie de los silos de hormigón que dominan la ciudad, cientos de cuerpos están amontonados en morgues improvisadas instaladas al aire libre. Bajo temperaturas que superan los 30 °C, el olor se ha vuelto, según varios testigos presentes en el lugar, difícilmente soportable. Seis días después del terremoto del 24 de junio, que ha dejado al menos 1.719 muertos y alrededor de 50.000 desaparecidos, según estimaciones de la ONU, la prioridad ya no es solo encontrar sobrevivientes, sino también saber cómo conservar los cuerpos que el calor deteriora cada hora.
Hospitales solicitan formol y cal viva
En este contexto, varios hospitales han comenzado a solicitar formol y cal viva para ralentizar la descomposición. Se trata de una petición impulsada por la urgencia: el país carece de bolsas mortuorias, contenedores refrigerados y cámaras frigoríficas capaces de recibir una cantidad tan masiva de cuerpos. Según la ONU, que prevé enviar 10.000 bolsas mortuorias sobre la base de una estimación de 2.500 edificios afectados, la gran mayoría de estas estructuras se han derrumbado por completo.
Un método que agrava el problema que pretende resolver
Sin embargo, el uso de la cal viva para conservar cuerpos está normalmente desaconsejado, y por una razón específica: lejos de frenar la descomposición, la acelera. El proceso daña los tejidos, hace desaparecer los rasgos del rostro y borra las huellas dactilares, los dos principales elementos visuales y biométricos utilizados para identificar a una víctima cuando no dispone de documentos de identidad.
Una trabajadora social de un barrio popular de Caracas, citada por RFI, resume la situación: la cal viva «hace desaparecer los rasgos del rostro y las huellas», pero en un país que no dispone de suficientes bolsas de plástico ni de instalaciones para almacenar los cuerpos a baja temperatura, «hay que actuar de inmediato».
Para las familias, esta falta de material adecuado no solo significa una espera más larga para obtener noticias, sino que reduce directamente las posibilidades de identificar a un ser querido. Como explicó una mujer que acudió a La Guaira para recuperar el cuerpo de su prima, muchas víctimas fueron sorprendidas en sus hogares en el momento del terremoto y no llevaban documentos de identidad. Sin huellas dactilares ni rasgos faciales reconocibles, su identificación científica se vuelve prácticamente imposible.
Hacia fosas comunes por falta de identificación
Como consecuencia directa de esta falta de equipamiento, un número indeterminado de cuerpos, deteriorados antes de cualquier examen médico-forense exhaustivo, podría terminar en fosas comunes sin haber sido identificado.
Un médico presente en el lugar, citado bajo condición de anonimato, describió los cuerpos recuperados varios días después de permanecer bajo los escombros como ya en un estado «extremo», una condición que el uso de la cal viva, lejos de aliviar, no hace más que agravar.
Una capacidad de conservación insuficiente
Más allá de la ayuda internacional desplegada sobre el terreno —equipos de rescate, perros de búsqueda y bolsas mortuorias—, es precisamente este eslabón, la capacidad de conservar los cuerpos a baja temperatura durante el tiempo necesario para su identificación, el que hoy falta en Venezuela.
Crédito de la imagen: Matias Delacroix / AP
